El 24 de marzo de 1980, el Arzobispo Oscar Romero fue asesinado mientras celebraba la Misa. Fue un intento de silenciarlo a él y a la Iglesia en El Salvador.  El 14 de octubre, será canonizado asegurándose de que su testigo no fue, ni será silenciado ni será olvidado.  Su testimonio como una “voz de los sin voz” y su ministerio para todos, especialmente los pobres y marginados, es parte de su gran legado en El Salvador y la Iglesia Universal.  En los meses transcurridos desde el anuncio de su canonización, me han preguntado qué es lo más importante de su vida, y le señalo su Espiritualidad.  Él oró y oró mucho. Pasó un tiempo frente al Santísimo Sacramento consultando con el Señor antes de tomar una decisión importante.  Nosotros también necesitamos pasar tiempo con el Señor.  La oración y la adoración son excelentes maneras de hacerse eco de la espiritualidad de San Oscar Romero.  Cuando esa oración lleva a la acción, seguimos los pasos de San Oscar Romero, así como de Nuestro Señor Jesucristo.

Por ahora, continuamos nuestro camino con el Señor.